jueves, 22 de junio de 2017

Justicia divina

"Las limitaciones de la justicia humana hacen que en el ámbito de todas las religiones exista una justicia superior, la justicia divina. Se trata de una creencia basada en la fe y consiste en la convicción de que un Dios, una entidad superior o el propio orden de la naturaleza impone de alguna manera la auténtica justicia, sin error posible y dando a cada uno lo que merece." 

-Definición del ABC

A veces - solo a veces - siento que la famosa justicia divina existe. La mayoría del tiempo no, la vida insiste en confirmarme que aquello de que "Todo vuelve" es una mentira.

Si la justicia divina existiera sufrirían los peores males todos aquellos que hacen de las pequeñas hijaputeses diarias su estilo de vida. Los colectiveros que te encierran, los taxistas que hacen caravana con las luces bajas apagadas, los tipos que no ceden el asiento en el subte a las embarazadas, las personas que te clavan el visto sin razón aparente, esos que siempre se hacen los giles cuando hay que bajar a abrirle al que acaba de llegar, aquellos que se colan en la fila de los recitales, los que te mueven la bombilla cuando les cebas un mate, los que hacen que no te escuchan cuando les preguntás algo, los que pegan chicles en los asientos del colectivo, esos que paran en doble fila para esperar a los chicos salir del colegio, aquellos que especulan en los grupos de Whatsapp y no contestan esperando que otro conteste primero, los que te empujan, los que te alteran, los que te faltan el respeto, los que te hacen vacíos, los que te ignoran, los que te humillan, los que se burlan, etc.

La lista es interminable. Vivimos rodeados de situaciones de mierda donde vemos a alguien tomar una ventaja innecesaria por sobre el resto de los mortales, disfrutar y gozar con nuestros trastornos de ansiedad, ignorarnos cuando los necesitamos - o cuando sólo queremos hablar con ellos-, especular para no quedar como el primero en confirmar su asistencia a algún evento. Todos merecen la justicia divina y sin embargo viven sin sufrir alteraciones igual que nosotros, los giles que intentamos -al menos intentamos- no hacer nada de eso. Seguramente lo que les vuelve es alguna de aquellas pequeñeces que ellos mismos hacen, pero dejenme decirles que no me parece castigo suficiente.
Se creen más que el resto, superiores a los demás, poseedores de alguna ventaja que desconocemos. Se creen que merecen algo mejor que nosotros, no somos lo suficientemente ellos como para merecer estar primeros en la fila, no somos lo suficientemente ellos como para pasar primero con el auto.

No se comparan con un crimen o un delito (lógico) ; tampoco hay una ley que prohíba estas cosas (está de más aclararlo) Sólo se que me exasperan determinadas situaciones, determinados signos de inmadurez. ¿Que ventaja real tenés cuando te colás 3 lugares en la fila de un recital? ¿Tanto orgullo tenés para no responder un mensaje? ¿Tanto calor te da ser el primero en confirmar que vas a algún lado? ¿Tan grave es estacionar a 3 cuadras del colegio e ir caminando a buscar a tus hijos?

Aquello de que "todo vuelve" se parece al "todo pasa". Una frase repetida que nunca, NUNCA, termina siendo cierta. Nada vuelve, nada pasa, todo es igual. La vida es inalterable, no le pasan cosas malas a los malos ni buenas a los buenos. Nos pasan a todos las mismas cosas, seamos como seamos.

¿Demasiado pesimista?  Es probable.
¿No te parece tan grave nada de esto? Debes ser uno de esos malnacidos que nos exasperan.

jueves, 15 de junio de 2017

Mafalda y Susanita

Susanita y Mafalda coquetean la una con ser la otra de vez en cuando. Muy de vez en cuando. Sobre todo cuando Mafalda se siente sola y piensa en que su filtro para elegir chicos es demasiado estrecho y pocos logran atravezarlo. "A ver.."- piensa - " Para que un hombre me guste tiene que haber leído a Cortazar, tiene que entender que Amelie es mejor película que cualquiera de la saga de Rápido y Furioso y le tiene que parecer interesante una salida al Konex para ver La Bomba de Tiempo. No le tiene que importar que yo esté un poco gordita, así como a mí no me importa si usa lentes o no combina los colores. Le tiene que gustar el helado y si me nombra más de una vez a su madre en una charla ya lo descarto ".

Susanita en cambio, fantasea con ser Mafalda cuando acompaña a su novio a pescar. Entre el tercer y el cuarto termo de mate reflexiona un poco más profundo de lo normal y siente que quizá Él no sea el amor de su vida. Que no es tan buena idea haber dejado de salir con sus amigas para quedarse todos los domingos en la casa de su suegra a comer ravioles y mirar la carrera de Fórmula 1 por televisión. Sabe - aunque no lo diga- que su novio no es un pibe culto ni instruido y que una vida junto a el podría tornarse aburrida y rutinaria. Un rincón de su ser admira como Mafalda se vive rodeando de actividades interesantes; quiere entrar en su movida hippie pero eso de andar descalza conspira contra sus ideas pequeño burguesas. A pesar de esto, no quiere ni puede imaginar un futuro lejos de su novio, porque "Una ya eligió y lo quiere como es. Con los años se le va a pasar. Me puedo acostumbrar a estas cosas. ¿Para que andar explorando otros hombres si ya encontré uno con el que encajo bien?" y otra serie de pensamientos que devuelven sus ideas juveniles a la mentalidad de mina de 50 que adoptó a los 23.

Susanita se rodea de Susanitas, Mafalda se rodea de Mafaldas. Es ley de vida. Son amigas, es cierto, pero por situaciones fortuitas. Se junta a tomar algo y se enorgullecen de aquellas cosas que detestan la una de la otra. Se desean lo mejor, se saben distintas, caretean hasta el infinito determinadas situaciones. A Mafalda ni se le ocurre salir a cenar con un chico como el novio de Susanita y a Susanita ni se le ocurre salir con un chico y sus amigos a un recital de reaggae.

Susanita no se sabe Susanita, Mafalda por el contrario está orgullosa de su condición. Susanita es medio conservadora, Mafalda también, pero lo maquilla con comentarios progres de tanto en tanto.
Susanita quiere irse de vacaciones a Miami con su novio, a tomar sol. Mafalda en cambio prefiere el Machu Picchu con un grupo de mochileros. A Susanita la conocemos, a Mafalda también, pero ninguna de las dos va a entender a que nos referimos cuando escribimos estos posteos.

viernes, 7 de octubre de 2016

El Sacrificio del Hereje

A pesar de la sangre ocupa,
de la pólvora que me enluta,
del idioma y de la religión.

A pesar de la piel ajena,
del pasado que me condena
y la crisis en la santa inquisición

Soy nacido tierra al Sur
Soy nacido tierra al Sur.

Soy de la tierra caminada,
Por el indio que no entregaba
Sangre, Dignidad ni Corazón.

Acá donde la luna se esconde,
dónde deja su huella el hombre,
soy de la vereda opuesta al sol

Soy nacido tierra al sur
Soy nacido tierra al sur.

Esta creo, es la única canción de la que jamás voy a cansarme. Años componiendo pelotudeces, años escribiendo sobre lo mismo y al final, con 3 acordes pude decir lo que tanto tiempo quise y no pude. Es el track número 3 de una de las pocas cosas en la que pude tener constancia en la vida, escribir, armar, componer y grabar un disco.
El 2 de Diciembre presentamos “El Sacrificio del Hereje”; el primer disco largo de Clan Rover grabado de un tirón y pensado de manera integral.
12 canciones, 12 capítulos de una novela. El camino desde el inframundo al altar de sacrificio.
¿Por qué escribo esto en este espacio?
Simple. Porque hace mucho tiempo – desde el último posteo para ser exacto – que no puedo pensar en otra cosa.

Por ahora solo eso. En cuanto pueda seguiré actualizando este posteo.


lunes, 18 de julio de 2016

Y además y además y además

Fue hace muchos años no se si 6 o 7 quizá fueran 5 que me encontré leyendo una novela maravillosa escrita por Marcos Aguinis que se llama La Cruz invertida y cuenta la historia de un cura villero en la época de la dictadura o algo así pero a mi no me llamo la atención por eso a pesar de que la historia esta buena y se hace muy llevadera tanto así que la leí en un viaje en avión de Buenos Aires a una ciudad que no recuerdo pero me acuerdo que me llamó poderosamente la atención que la novela estuviera diagramada como si fuera narrada por diferentes personas usando diferentes medios de comunicación como cartas y declaraciones o relatos y narraciones o sea que eran diferentes personas que construían el relato de la historia y había una particularmente que me atraía cada vez que la leía porque era el relato que hacia una chica como si estuviera agitada o como si estuviera diciendo todo rápido sin parar un segundo porque la chica era poco instruida es mas creo que era huérfana o había vivido en la calle o algo así y le costaba mucho expresarse y en cada una de sus apariciones lo hacia con mucho vértigo y estaba mal escrito y usaba mucho la letra "y" y todo el tiempo olvidaba usar signos de puntuación y conectores y repetía lo conceptos todo el tiempo como si el repetirlos reforzara alguna idea y en realidad todo esto es un problema porque obliga al lector a acelerar su lectura y lo confunde porque a veces no se puede llevar el hilo de lo que se está leyendo y se vuelve algo incómodo y molesto que no termina nunca y además repite conceptos y además repite palabras y además es difícil de comprender y además pone nervioso al lector porque el lector es ansioso y busca todo el tiempo el punto final de una oración para tomar un respiro y esta forma de escribir no se lo permitía y a mi me costaba mucho leerlo porque todo el tiempo me sentía agotado es como si me cansara sobremanera leer algo tan mal escrito y que además no tenia un puto signo de puntuación porque me aceleraba la vista y llegaba un punto en que no lograba comprender el texto que estaba leyendo y sentía una especie de angustia por tener que volver a empezar toda la frase desde un principio al no encontrar una coma un punto un punto y coma o algún lugar desde donde retomar pero bueno la cuestión es que la novela es muy interesante pese a esto y si de casualidad se las regalan o deciden comprarla van a poder sentir todas esas cosas que yo sentí cuando las leía y vivía todo ese vértigo que le imprime el escritor cuando no usa signos de puntuación y  usa muy mal todos los conectores y redacta mal y usa repetidamente la palabra "y" y repite palabras y palabras y palabras todo el tiempo para dar la sensación de que realmente el texto es la traducción literal del relato de una persona que esta agitada y habla todo de corrido como si alguien la estuviera apurando y sus palabras en lugar de salir en orden salieran todas rápidas y desordenadas a una velocidad tremenda sin distinguir ninguna intencionalidad o nada que se le parezca porque es como cuando un chico de 5 o 6 años nos cuenta lo que hizo en el día y empieza a decir todo lo que paso sin parar un segundo y sin discriminar momentos o situaciones porque va sacando todo lo que le pasa por la cabeza como si no tuviera un filtro o un stop o alguien que le estuviera ordenando lo que dice y lo que piensa y al igual que el personaje de Marcos Aguinis repite palabras y mal usa conectores y repite la letra y y repite la letra o o repite cualquier otra cosa por no entender que la mente va mas rápido que la lengua y es necesario a veces decirle que frene un poco para poder ordenar lo que estamos diciendo y que se entienda y no parezca un mamarracho indescifrable como calculo les estará pasando en este momento o les habrá pasado durante todo el tiempo que perdieron leyendo este posteo absurdo que no les dio respiro y no los dejó siquiera reflexionar sobre lo importante de usar los puntos las comas y los conectores así que ya saben que tienen que escribir bien cuando escriben esos estados horribles de facebook porque la persona que está leyendo tiene que hacer un esfuerzo sobre humano para entenderlos.

Otro día hablamos de las faltas de ortografía.

Salud.

sábado, 9 de julio de 2016

Chauvinismo, Cipayismo y Riquelmismo

Si-No. Blanco-Negro. Así somos, así nos reconocemos, así nos gusta ser. Digo, a mi me gusta ser así, es una cualidad nuestra y no tendría porque avergonzarnos.

El Bicentenario llegó, paradójicamente, antes que el segundo semestre que se nos sigue escapando como un punto en el horizonte, y volvemos a las viejas discusiones de siempre. Volvemos a las contradicciones que nos gustan, al cruce de palabras que nos hacen felices.. ¿felices?.. que nos describen, esas contradicciones hermosas, hilarantes, esas palabras que repetimos, las frases que nos gusta citar, los próceres olvidados que sólo recordamos en charlas de café, las conversaciones que sacan lo peor de nosotros, que tiran sobre el mantel conceptos que nos avergüenzan sobre aquellos que sentimos propios, sensatos, cercanos. Así somos, así nos gusta ser. Después nos arrepentimos, y a la cuarta copa de malbec volvemos a abrazarnos y recordar el gol de Diego a los ingleses o las hazañas de Francisco en tierras Vaticanas.

Cuando las fechas patrias se acercan todos nos lanzamos conocimientos olvidados, que teníamos escondidos y no recordábamos, todos o casi todos inexactos, perdidos, absurdos. Nos sentimos Felipe Pigna, porque seguramente leímos la contra tapa de uno de sus libros mientras buscábamos las 50 sombras de grey para regalarle a una tía fríjida. Y sabemos mucho, muchísimo diría, de todo aquello que no vivimos pero si nos contaron aquellos que tampoco lo vivieron pero a quienes también se lo contaron.

Algunos, armados con un chauvinismo vomitivo nos recuerdan que fuimos potencia, nos gritan que éramos el granero del mundo y lo podemos volver a ser. Vuelve aquella historieta de los cuatro climas, los premios nobel, las proezas deportivas, las gestas individuales por las que somos reconocidos y la patria hermosa que pisamos. Que el trigo de Perón, que nos lo robaron todo, que los imperios extranjeros y que la puta que los parió. Dicen, apoyándose en ignotas estadísticas, que somos más que nuestros vecinos, que nuestro pasto es más verde y nuestros próceres más lindos. Que podríamos haber ganado en Malvinas, porque teníamos mejores pilotos de avión que ellos. Que nos cagaron mucho, pero que si nos dejan de cagar todo se arregla. Que la gastronomía porteña es mejor que la Parisina y todo el mundo lo sabe. Que si los redondos fueran británicos serían mucho mas que The Who o que Tuero era mejor piloto que Schumacher (se escribe asi?) pero que le faltó plata. Repiten hasta el paroxismo que el tango, que Gardel, que Lepera, que Messi, que Atahualpa y que Piazzola. Todo nos dura un instante de exquisito orgullo, solo un instante. El Torino!... ¿Sabes lo que era Avellaneda cuando yo era chico?. Tenemos los mejores ingenieros, en la Nasa los mejores proyectos los hacen argentinos, todos lo saben y allá (y señalan el horizonte) cortan la carne al revés, porque no saben, y la pizza es mejor en Buenos Aires que en Génova, y todos los que se fueron quieren volver, porque como se vive acá no se vive en ningún lugar del mundo.¿Noruega?.. ¿Sabías que Noruega tiene la tasa de suicidios más alta del mundo?

Mientras tanto, mordiendose las uñas y afilando los colmillos, esperan su turno para golpear los del discurso cipayo y extranjerizante y comienza la otra cantinela, esa que también ya escuchamos miles de veces.

 Y nos dicen que en Estados Unidos bla, y que en Europa bla bla, y que los maestros nos se arrodillan ante el emperador de Japón (?) y nos comparten historias en Facebook que no nos importan una mierda. Y responden ante el orgullo por los héroes patrios que San Martín tenía acento español, que Rosas era un hijo de su madre y que a Maradona lo bancamos, pero sólo como jugador y no como persona..... ¿sólo como jugador? y yo que pensé que nos había traido alegrías por su incursión en la búsqueda de la paz mundial.
 Y que Alemania se levantó de dos guerras y nosotros no podemos levantarnos del 2001, y que nuestros abuelos vinieron con una mano atrás y otra ..etc.... Y que la culpa es nuestra, (obvio, ¿de quien va a ser?) y que los empresarios hacen negocios y esa es su función y que el rol del estado y la corrupción y que coimeamos a la policía y que con esta educación no saldremos nunca del pozo de deterioro en el que nos caimos en la década del ´30 y del que todavía estamos lejos de salir.

¿La década del ´30?. Pasaron 80 años maestro.

Y algunos, sin ningún tipo de escrúpulo, se lamentan que hayamos expulsado a los ingleses en las invasiones.. "Seríamos como Australia o Nueva Zelanda, y no quiero decir que como Estados Unidos para no entrar en polémicas"- reflexionan hábilmente y con una sensibilidad galopante. También podríamos ser como la India, como Uganda o Nigeria pero ese detalle a muchos se les escapa.

Nos desangramos en estas discusiones de falso orgullo nacional y falso orgullo extranjero, discusiones de taxistas dirán algunos, yo no me atrevo a meterme con Viviani y su gente.
Al cabo de un tiempo todo esto nos aburre y volvemos a hablar de las cosas que si vivimos y sentimos y no de aquellas que nos contaron, que se parecen más a una religión, falta de pruebas y hechos comprobables, que a una descripción historiográfica.

Y en eso se parecen quizá la religiones con la historia antigua, o no?. ¿Me tengo que meter en este tema? ¿Tengo que decir que muchos adoran a un tipo que ni siquiera conocieron porque les dijeron que hizo cosas que nadie supone que se puedan hacer para dejarnos un derrotero de culpas, odios, guerras y fastidios y me critican por creer en Riquelme que hizo cosas imposibles pero que si las pude ver en vivo y en directo y me trajo felicidades, angustias positivas y goce deportivo?.. tenés razón, mejor no me meto con esto.

El 9 de Julio debería servirnos para algo, no se para qué y calculo que nunca lo voy a saber. Mientras tanto sigamos disfrutando ser así, bipolares, vicerales, pasionales. Disfrutemos lo que somos, porque lo que fuimos no lo vivimos y lo que vamos a ser puede que sea peor. Y que viva la patria!



lunes, 9 de mayo de 2016

El regreso madurativo

"...Junto a otros pájaros que aman la vida
y la construyen con el trabajo.
Arde la leña, harina y barro.
Lo cotidiano se vuelve mágico."

Como pájaros en el aire.


Después de mucho pensar un buen comienzo para este posteo, me incliné por esa frase, aunque bien podría haberme inclinado por esta otra, menos sensible quizá pero igualmente descriptiva para lo que pienso decir:


"...Creo que es mejor,
que me cosas el botón,
que me seques el pelo,
con un viejo pantalón."


Con Elvira es otra cosa.


Calculo que la mitad de ustedes tendrán un gesto de incertidumbre, otro tanto levantará una ceja con curiosidad y hasta algunos, quizá, hayan cerrado esta ventana creyendo que lo que iban a leer era una completa pelotudez. Bien, esto último no voy a negarlo; es probable que lo que vaya a escribir sea una pelotudez, asi que les ahorro tiempo y les comento que no me ofende que cierren la ventana.

¿Que tienen en común estas dos frases de canciones?

A los 16 me parecían geniales, a los 22 me parecían estúpidas y a los 28 me vuelven a parecer geniales. Sobre esto quiero hablar hoy. Sobre ese regreso madurativo, ese revival que tenemos a determinada edad y nos trae hacia nuevos viejos esquemas de pensamiento o reflexión.

Puedo citar más ejemplos, claro que si: A los 14 te avergonzaba emborracharte, a los 18 te enorgullecía y a los 28 te vuelve a avergonzar.

¿Más? A los 14 te gustaba Dragon Ball Z, a los 22 te parecía medio boludo mirar dibujitos, a los 28 los enganchas en un zapping y los dejás.

Todo esto se me cruzó por la cabeza mientras releía la letra de una canción que escribí a los 18 años. En ese entonces me parecía una genialidad; sentía que estaba frente a una obra maestra, a los 24 dejé de cantarla y empezó a parecerme una tontería, simplona y vacía de contenido, a los 28 me encuentro cantándola en la ducha y disfrutando de esos versos crudos, sensibles y contundentes. 

¿Que nos pasa?¿Involucionamos?

No creo. Creo que con los años logramos cambiar, y esto quizá si tenga que ver con un progreso madurativo, los valores por los que se rigen nuestro ser. Valores, en tanto esquema ético y moral y valores también en tanto cuantificación que le damos a lo sensible, a lo intangible, a lo directo.

En algún punto temprano de mi adolescencia el Indio Solari me parecía un viejo encriptado que buscaba maquillar un mensaje claro y directo con rebusques y eufemismos que lo hicieran parecer refinado, inteligente e indecifrable. Entrado el desenfreno juvenil, la exploción hormonal y el descubrimiento de todo aquello que esté prohibido reflexioné y empece a considerarlo un autor maravilloso, refinado, inteligente e indescifrable, prolijamente críptico que huía de la simpleza que achata el pensamiento para trasmitir su verdad o su mensaje; negro, cruel y violento, en el lenguaje oscurantista que se merece. Hoy ni me va ni me viene, y si tengo que ser sincero, prefiero escuchar con naturalidad a Pappo recitarme la misma situación en un código lingüístico que todos entienden, y sobre todo, los protagonistas de las historias. 

Me llamarán simplón, son bienvenidos.

¿Si la simplificación es un paso posterior a la complejización? No podría afirmarlo, aunque puedo reflexionar en esos caminos cuando pienso la cantidad de aderezos que le ponía al pancho a los 20 años y como hoy solo le pongo mayonesa.

Creo que es algo natural, vamos creciendo, nos vamos complejizando en todos los aspectos, no tanto en los significados o en los mensajes, creo que no complejizamos en la formas y en el lenguaje, admiramos la complejidad porque la consideramos superior, la absorbemos como algo de difícil intelectualización hasta tal punto de admirar e idolatrar aquello que no conocemos, no entendemos o nos cuesta definir. El siguiente paso madurativo es desenredar todo esto y volver a la simpleza, la contundencia, aquello que nos hace sentir parte, observador, mensaje, protagonista y mensajero.

Hoy, personalmente, disfruto de como un mensaje puede ser trasmitido con simpleza, con humildad, disfruto de los aforismos que me da todo aquello que me rodea, la contundencia de describir situaciones con pocas palabras, lo maravilloso de los sabores por si mismos sin tener que mezclarlos o aderezarlos - ¿No es rico el choripan asi como esta?¿Hace falta ponerle chimi churri?. - disfruto de los chistes tontos y cortos, me atrapan las comedias románticas, me voy a dormir si tengo sueño; libre de culpas. Gozamos la simpleza, en la música, en el cine, en la gastronomía, en todo.

Ojo. Ya veo por donde viene la respuesta. También se disfruta la complejidad, se disfruta todo aquello que se disfrutaba en la adolescencia culposa y estreñida, pero no se considera mejor ni más elevada, ni más importante; se la considera distinta y ya, con eso se explica todo. Porque madurar quizá no sea complejizarse ni simplificarse, madurar es dejar de poner cepos y trabas, dejar de dejar de lado; madurar es aprender que todo es digno de ser y en similar escala; escuchar a Calamaro y mirar una película de Woody Allen; comer Sushi con Fernet con Coca; dejar de ponerle Chimi al choripán y escuchar a Julio Sosa recitar La Cumparsita.

sábado, 9 de enero de 2016

Historia vs Verdad


Cada día me convenzo más de que la verdad es un complejo burgués. Así, con esa definición antipática planeo empezar el siguiente texto, esperado y demorado por tanto tiempo.

Creo que "la verdad", como elemento, como rector ético de la vida, está sobre valorada en muchos niveles y ordenes. "Lo importante es decir la verdad" te dicen. Falso, claramente.

 No creo que sea algo tan importante como parece. Primero deberíamos definir si la verdad forma parte del objetivo que se persigue, que es lo verdaderamente importante; cumplir un objetivo. La vida es eso, al fin de cuentas, trazarse objetivos y cumplirlos. La felicidad misma es un objetivo, entendida de esa manera claro está.
¿Y si para llegar a ser feliz es necesario mentir?. Entonces la verdad deja de ser tan importante, no? Muchas veces me encuentro contando historias, anécdotas, relatos y ya no se si son ciertos o no. El tiempo moldea las anécdotas para ponerlas en verdadera dimensión, para hacerlas brillar, porque para eso sirven al fin de cuentas, para amenizar una reunión o un asado.
¿Es tan importante que eso haya pasado o no?
Lo verdaderamente importante es que nos haga reir, nos confunda en el disfrute de una situación hilarante con un final inesperado, no importa el camino, no interesa demasiado, lo importante en ese caso - y en muchos otros- es el fin.

Es un cliché de todo grupo de amigos el reunirse a comer un asado, tomar un vino y repetir las mismas historias de siempre, una y otra y otra y otra y otra y otra vez. Siempre las mismas situaciones, siempre la comodidad de lo conocido. "Te acordas la vez que...?".
Y si hiciéramos un repaso de archivos y fueramos a las fuentes caeríamos en la conclusión de que las historias mutan levemente con el tiempo, lo hacen tan despacio que casi no lo notamos. Buscan, aliadas a la exageración, alcanzar el nivel óptimo para nunca aburrirnos. Las anécdotas logran eternizarse y nunca caer en desgracia, gracias a que las vamos exagerando constantemente, a que le vamos agregando detalles que las engorden y las pongan a punto caramelo para divertirnos.

No nos importa que quince años después la historia verdadera nos haya quedado vieja que la que se cuenta actualmente y está bien que asi sea, porque no es importante la verdad, lo importante es la ficción, lo importante es el objetivo que nos tracemos.

Y ya hurgando en la profundidad esencial de este asunto, puedo arriesgar que tampoco es tan importante tener una raiz real en ellas, o si? Podríamos ir al extremo y decir que tener una buena historia para contar es mucho más importante que su veracidad y hasta debe ser más reconfortante.
¿Que placer supremo nos puede causar tener una anécdota inventada que sea atrapante, graciosa y nunca nos aburra? ¿A alguien le importa que no nos haya pasado? ¿Deja de causarnos gracia?
 Hay canciones maravillosas que se escriben sobre historias que comienzan con una mirada y terminan con una escena romántica que jamás ocurrió.

Vendrán luego los cultores de la moral colectiva a decirnos que una persona que miente es indigna o no merece nuestro respeto y tendrán entonces todo mi repudio. Es irrelevante, muchachos, para muchisimos ordenes de la vida la verdad es irrelevante. Me permitirán el deslice, pero sigo prefiriendo la historia a la verdad, por más que intenten convencerme de lo contrario y esforzarse por agredirme llamándome mentiroso. No me interesa que me crean mentiroso siempre y cuando me sigan creyendo un amenizador de reuniones.