viernes, 7 de octubre de 2016

El Sacrificio del Hereje

A pesar de la sangre ocupa,
de la pólvora que me enluta,
del idioma y de la religión.

A pesar de la piel ajena,
del pasado que me condena
y la crisis en la santa inquisición

Soy nacido tierra al Sur
Soy nacido tierra al Sur.

Soy de la tierra caminada,
Por el indio que no entregaba
Sangre, Dignidad ni Corazón.

Acá donde la luna se esconde,
dónde deja su huella el hombre,
soy de la vereda opuesta al sol

Soy nacido tierra al sur
Soy nacido tierra al sur.

Esta creo, es la única canción de la que jamás voy a cansarme. Años componiendo pelotudeces, años escribiendo sobre lo mismo y al final, con 3 acordes pude decir lo que tanto tiempo quise y no pude. Es el track número 3 de una de las pocas cosas en la que pude tener constancia en la vida, escribir, armar, componer y grabar un disco.
El 2 de Diciembre presentamos “El Sacrificio del Hereje”; el primer disco largo de Clan Rover grabado de un tirón y pensado de manera integral.
12 canciones, 12 capítulos de una novela. El camino desde el inframundo al altar de sacrificio.
¿Por qué escribo esto en este espacio?
Simple. Porque hace mucho tiempo – desde el último posteo para ser exacto – que no puedo pensar en otra cosa.

Por ahora solo eso. En cuanto pueda seguiré actualizando este posteo.


lunes, 18 de julio de 2016

Y además y además y además

Fue hace muchos años no se si 6 o 7 quizá fueran 5 que me encontré leyendo una novela maravillosa escrita por Marcos Aguinis que se llama La Cruz invertida y cuenta la historia de un cura villero en la época de la dictadura o algo así pero a mi no me llamo la atención por eso a pesar de que la historia esta buena y se hace muy llevadera tanto así que la leí en un viaje en avión de Buenos Aires a una ciudad que no recuerdo pero me acuerdo que me llamó poderosamente la atención que la novela estuviera diagramada como si fuera narrada por diferentes personas usando diferentes medios de comunicación como cartas y declaraciones o relatos y narraciones o sea que eran diferentes personas que construían el relato de la historia y había una particularmente que me atraía cada vez que la leía porque era el relato que hacia una chica como si estuviera agitada o como si estuviera diciendo todo rápido sin parar un segundo porque la chica era poco instruida es mas creo que era huérfana o había vivido en la calle o algo así y le costaba mucho expresarse y en cada una de sus apariciones lo hacia con mucho vértigo y estaba mal escrito y usaba mucho la letra "y" y todo el tiempo olvidaba usar signos de puntuación y conectores y repetía lo conceptos todo el tiempo como si el repetirlos reforzara alguna idea y en realidad todo esto es un problema porque obliga al lector a acelerar su lectura y lo confunde porque a veces no se puede llevar el hilo de lo que se está leyendo y se vuelve algo incómodo y molesto que no termina nunca y además repite conceptos y además repite palabras y además es difícil de comprender y además pone nervioso al lector porque el lector es ansioso y busca todo el tiempo el punto final de una oración para tomar un respiro y esta forma de escribir no se lo permitía y a mi me costaba mucho leerlo porque todo el tiempo me sentía agotado es como si me cansara sobremanera leer algo tan mal escrito y que además no tenia un puto signo de puntuación porque me aceleraba la vista y llegaba un punto en que no lograba comprender el texto que estaba leyendo y sentía una especie de angustia por tener que volver a empezar toda la frase desde un principio al no encontrar una coma un punto un punto y coma o algún lugar desde donde retomar pero bueno la cuestión es que la novela es muy interesante pese a esto y si de casualidad se las regalan o deciden comprarla van a poder sentir todas esas cosas que yo sentí cuando las leía y vivía todo ese vértigo que le imprime el escritor cuando no usa signos de puntuación y  usa muy mal todos los conectores y redacta mal y usa repetidamente la palabra "y" y repite palabras y palabras y palabras todo el tiempo para dar la sensación de que realmente el texto es la traducción literal del relato de una persona que esta agitada y habla todo de corrido como si alguien la estuviera apurando y sus palabras en lugar de salir en orden salieran todas rápidas y desordenadas a una velocidad tremenda sin distinguir ninguna intencionalidad o nada que se le parezca porque es como cuando un chico de 5 o 6 años nos cuenta lo que hizo en el día y empieza a decir todo lo que paso sin parar un segundo y sin discriminar momentos o situaciones porque va sacando todo lo que le pasa por la cabeza como si no tuviera un filtro o un stop o alguien que le estuviera ordenando lo que dice y lo que piensa y al igual que el personaje de Marcos Aguinis repite palabras y mal usa conectores y repite la letra y y repite la letra o o repite cualquier otra cosa por no entender que la mente va mas rápido que la lengua y es necesario a veces decirle que frene un poco para poder ordenar lo que estamos diciendo y que se entienda y no parezca un mamarracho indescifrable como calculo les estará pasando en este momento o les habrá pasado durante todo el tiempo que perdieron leyendo este posteo absurdo que no les dio respiro y no los dejó siquiera reflexionar sobre lo importante de usar los puntos las comas y los conectores así que ya saben que tienen que escribir bien cuando escriben esos estados horribles de facebook porque la persona que está leyendo tiene que hacer un esfuerzo sobre humano para entenderlos.

Otro día hablamos de las faltas de ortografía.

Salud.

sábado, 9 de julio de 2016

Chauvinismo, Cipayismo y Riquelmismo

Si-No. Blanco-Negro. Así somos, así nos reconocemos, así nos gusta ser. Digo, a mi me gusta ser así, es una cualidad nuestra y no tendría porque avergonzarnos.

El Bicentenario llegó, paradójicamente, antes que el segundo semestre que se nos sigue escapando como un punto en el horizonte, y volvemos a las viejas discusiones de siempre. Volvemos a las contradicciones que nos gustan, al cruce de palabras que nos hacen felices.. ¿felices?.. que nos describen, esas contradicciones hermosas, hilarantes, esas palabras que repetimos, las frases que nos gusta citar, los próceres olvidados que sólo recordamos en charlas de café, las conversaciones que sacan lo peor de nosotros, que tiran sobre el mantel conceptos que nos avergüenzan sobre aquellos que sentimos propios, sensatos, cercanos. Así somos, así nos gusta ser. Después nos arrepentimos, y a la cuarta copa de malbec volvemos a abrazarnos y recordar el gol de Diego a los ingleses o las hazañas de Francisco en tierras Vaticanas.

Cuando las fechas patrias se acercan todos nos lanzamos conocimientos olvidados, que teníamos escondidos y no recordábamos, todos o casi todos inexactos, perdidos, absurdos. Nos sentimos Felipe Pigna, porque seguramente leímos la contra tapa de uno de sus libros mientras buscábamos las 50 sombras de grey para regalarle a una tía fríjida. Y sabemos mucho, muchísimo diría, de todo aquello que no vivimos pero si nos contaron aquellos que tampoco lo vivieron pero a quienes también se lo contaron.

Algunos, armados con un chauvinismo vomitivo nos recuerdan que fuimos potencia, nos gritan que éramos el granero del mundo y lo podemos volver a ser. Vuelve aquella historieta de los cuatro climas, los premios nobel, las proezas deportivas, las gestas individuales por las que somos reconocidos y la patria hermosa que pisamos. Que el trigo de Perón, que nos lo robaron todo, que los imperios extranjeros y que la puta que los parió. Dicen, apoyándose en ignotas estadísticas, que somos más que nuestros vecinos, que nuestro pasto es más verde y nuestros próceres más lindos. Que podríamos haber ganado en Malvinas, porque teníamos mejores pilotos de avión que ellos. Que nos cagaron mucho, pero que si nos dejan de cagar todo se arregla. Que la gastronomía porteña es mejor que la Parisina y todo el mundo lo sabe. Que si los redondos fueran británicos serían mucho mas que The Who o que Tuero era mejor piloto que Schumacher (se escribe asi?) pero que le faltó plata. Repiten hasta el paroxismo que el tango, que Gardel, que Lepera, que Messi, que Atahualpa y que Piazzola. Todo nos dura un instante de exquisito orgullo, solo un instante. El Torino!... ¿Sabes lo que era Avellaneda cuando yo era chico?. Tenemos los mejores ingenieros, en la Nasa los mejores proyectos los hacen argentinos, todos lo saben y allá (y señalan el horizonte) cortan la carne al revés, porque no saben, y la pizza es mejor en Buenos Aires que en Génova, y todos los que se fueron quieren volver, porque como se vive acá no se vive en ningún lugar del mundo.¿Noruega?.. ¿Sabías que Noruega tiene la tasa de suicidios más alta del mundo?

Mientras tanto, mordiendose las uñas y afilando los colmillos, esperan su turno para golpear los del discurso cipayo y extranjerizante y comienza la otra cantinela, esa que también ya escuchamos miles de veces.

 Y nos dicen que en Estados Unidos bla, y que en Europa bla bla, y que los maestros nos se arrodillan ante el emperador de Japón (?) y nos comparten historias en Facebook que no nos importan una mierda. Y responden ante el orgullo por los héroes patrios que San Martín tenía acento español, que Rosas era un hijo de su madre y que a Maradona lo bancamos, pero sólo como jugador y no como persona..... ¿sólo como jugador? y yo que pensé que nos había traido alegrías por su incursión en la búsqueda de la paz mundial.
 Y que Alemania se levantó de dos guerras y nosotros no podemos levantarnos del 2001, y que nuestros abuelos vinieron con una mano atrás y otra ..etc.... Y que la culpa es nuestra, (obvio, ¿de quien va a ser?) y que los empresarios hacen negocios y esa es su función y que el rol del estado y la corrupción y que coimeamos a la policía y que con esta educación no saldremos nunca del pozo de deterioro en el que nos caimos en la década del ´30 y del que todavía estamos lejos de salir.

¿La década del ´30?. Pasaron 80 años maestro.

Y algunos, sin ningún tipo de escrúpulo, se lamentan que hayamos expulsado a los ingleses en las invasiones.. "Seríamos como Australia o Nueva Zelanda, y no quiero decir que como Estados Unidos para no entrar en polémicas"- reflexionan hábilmente y con una sensibilidad galopante. También podríamos ser como la India, como Uganda o Nigeria pero ese detalle a muchos se les escapa.

Nos desangramos en estas discusiones de falso orgullo nacional y falso orgullo extranjero, discusiones de taxistas dirán algunos, yo no me atrevo a meterme con Viviani y su gente.
Al cabo de un tiempo todo esto nos aburre y volvemos a hablar de las cosas que si vivimos y sentimos y no de aquellas que nos contaron, que se parecen más a una religión, falta de pruebas y hechos comprobables, que a una descripción historiográfica.

Y en eso se parecen quizá la religiones con la historia antigua, o no?. ¿Me tengo que meter en este tema? ¿Tengo que decir que muchos adoran a un tipo que ni siquiera conocieron porque les dijeron que hizo cosas que nadie supone que se puedan hacer para dejarnos un derrotero de culpas, odios, guerras y fastidios y me critican por creer en Riquelme que hizo cosas imposibles pero que si las pude ver en vivo y en directo y me trajo felicidades, angustias positivas y goce deportivo?.. tenés razón, mejor no me meto con esto.

El 9 de Julio debería servirnos para algo, no se para qué y calculo que nunca lo voy a saber. Mientras tanto sigamos disfrutando ser así, bipolares, vicerales, pasionales. Disfrutemos lo que somos, porque lo que fuimos no lo vivimos y lo que vamos a ser puede que sea peor. Y que viva la patria!



lunes, 9 de mayo de 2016

El regreso madurativo

"...Junto a otros pájaros que aman la vida
y la construyen con el trabajo.
Arde la leña, harina y barro.
Lo cotidiano se vuelve mágico."

Como pájaros en el aire.


Después de mucho pensar un buen comienzo para este posteo, me incliné por esa frase, aunque bien podría haberme inclinado por esta otra, menos sensible quizá pero igualmente descriptiva para lo que pienso decir:


"...Creo que es mejor,
que me cosas el botón,
que me seques el pelo,
con un viejo pantalón."


Con Elvira es otra cosa.


Calculo que la mitad de ustedes tendrán un gesto de incertidumbre, otro tanto levantará una ceja con curiosidad y hasta algunos, quizá, hayan cerrado esta ventana creyendo que lo que iban a leer era una completa pelotudez. Bien, esto último no voy a negarlo; es probable que lo que vaya a escribir sea una pelotudez, asi que les ahorro tiempo y les comento que no me ofende que cierren la ventana.

¿Que tienen en común estas dos frases de canciones?

A los 16 me parecían geniales, a los 22 me parecían estúpidas y a los 28 me vuelven a parecer geniales. Sobre esto quiero hablar hoy. Sobre ese regreso madurativo, ese revival que tenemos a determinada edad y nos trae hacia nuevos viejos esquemas de pensamiento o reflexión.

Puedo citar más ejemplos, claro que si: A los 14 te avergonzaba emborracharte, a los 18 te enorgullecía y a los 28 te vuelve a avergonzar.

¿Más? A los 14 te gustaba Dragon Ball Z, a los 22 te parecía medio boludo mirar dibujitos, a los 28 los enganchas en un zapping y los dejás.

Todo esto se me cruzó por la cabeza mientras releía la letra de una canción que escribí a los 18 años. En ese entonces me parecía una genialidad; sentía que estaba frente a una obra maestra, a los 24 dejé de cantarla y empezó a parecerme una tontería, simplona y vacía de contenido, a los 28 me encuentro cantándola en la ducha y disfrutando de esos versos crudos, sensibles y contundentes. 

¿Que nos pasa?¿Involucionamos?

No creo. Creo que con los años logramos cambiar, y esto quizá si tenga que ver con un progreso madurativo, los valores por los que se rigen nuestro ser. Valores, en tanto esquema ético y moral y valores también en tanto cuantificación que le damos a lo sensible, a lo intangible, a lo directo.

En algún punto temprano de mi adolescencia el Indio Solari me parecía un viejo encriptado que buscaba maquillar un mensaje claro y directo con rebusques y eufemismos que lo hicieran parecer refinado, inteligente e indecifrable. Entrado el desenfreno juvenil, la exploción hormonal y el descubrimiento de todo aquello que esté prohibido reflexioné y empece a considerarlo un autor maravilloso, refinado, inteligente e indescifrable, prolijamente críptico que huía de la simpleza que achata el pensamiento para trasmitir su verdad o su mensaje; negro, cruel y violento, en el lenguaje oscurantista que se merece. Hoy ni me va ni me viene, y si tengo que ser sincero, prefiero escuchar con naturalidad a Pappo recitarme la misma situación en un código lingüístico que todos entienden, y sobre todo, los protagonistas de las historias. 

Me llamarán simplón, son bienvenidos.

¿Si la simplificación es un paso posterior a la complejización? No podría afirmarlo, aunque puedo reflexionar en esos caminos cuando pienso la cantidad de aderezos que le ponía al pancho a los 20 años y como hoy solo le pongo mayonesa.

Creo que es algo natural, vamos creciendo, nos vamos complejizando en todos los aspectos, no tanto en los significados o en los mensajes, creo que no complejizamos en la formas y en el lenguaje, admiramos la complejidad porque la consideramos superior, la absorbemos como algo de difícil intelectualización hasta tal punto de admirar e idolatrar aquello que no conocemos, no entendemos o nos cuesta definir. El siguiente paso madurativo es desenredar todo esto y volver a la simpleza, la contundencia, aquello que nos hace sentir parte, observador, mensaje, protagonista y mensajero.

Hoy, personalmente, disfruto de como un mensaje puede ser trasmitido con simpleza, con humildad, disfruto de los aforismos que me da todo aquello que me rodea, la contundencia de describir situaciones con pocas palabras, lo maravilloso de los sabores por si mismos sin tener que mezclarlos o aderezarlos - ¿No es rico el choripan asi como esta?¿Hace falta ponerle chimi churri?. - disfruto de los chistes tontos y cortos, me atrapan las comedias románticas, me voy a dormir si tengo sueño; libre de culpas. Gozamos la simpleza, en la música, en el cine, en la gastronomía, en todo.

Ojo. Ya veo por donde viene la respuesta. También se disfruta la complejidad, se disfruta todo aquello que se disfrutaba en la adolescencia culposa y estreñida, pero no se considera mejor ni más elevada, ni más importante; se la considera distinta y ya, con eso se explica todo. Porque madurar quizá no sea complejizarse ni simplificarse, madurar es dejar de poner cepos y trabas, dejar de dejar de lado; madurar es aprender que todo es digno de ser y en similar escala; escuchar a Calamaro y mirar una película de Woody Allen; comer Sushi con Fernet con Coca; dejar de ponerle Chimi al choripán y escuchar a Julio Sosa recitar La Cumparsita.

sábado, 9 de enero de 2016

Historia vs Verdad


Cada día me convenzo más de que la verdad es un complejo burgués. Así, con esa definición antipática planeo empezar el siguiente texto, esperado y demorado por tanto tiempo.

Creo que "la verdad", como elemento, como rector ético de la vida, está sobre valorada en muchos niveles y ordenes. "Lo importante es decir la verdad" te dicen. Falso, claramente.

 No creo que sea algo tan importante como parece. Primero deberíamos definir si la verdad forma parte del objetivo que se persigue, que es lo verdaderamente importante; cumplir un objetivo. La vida es eso, al fin de cuentas, trazarse objetivos y cumplirlos. La felicidad misma es un objetivo, entendida de esa manera claro está.
¿Y si para llegar a ser feliz es necesario mentir?. Entonces la verdad deja de ser tan importante, no? Muchas veces me encuentro contando historias, anécdotas, relatos y ya no se si son ciertos o no. El tiempo moldea las anécdotas para ponerlas en verdadera dimensión, para hacerlas brillar, porque para eso sirven al fin de cuentas, para amenizar una reunión o un asado.
¿Es tan importante que eso haya pasado o no?
Lo verdaderamente importante es que nos haga reir, nos confunda en el disfrute de una situación hilarante con un final inesperado, no importa el camino, no interesa demasiado, lo importante en ese caso - y en muchos otros- es el fin.

Es un cliché de todo grupo de amigos el reunirse a comer un asado, tomar un vino y repetir las mismas historias de siempre, una y otra y otra y otra y otra y otra vez. Siempre las mismas situaciones, siempre la comodidad de lo conocido. "Te acordas la vez que...?".
Y si hiciéramos un repaso de archivos y fueramos a las fuentes caeríamos en la conclusión de que las historias mutan levemente con el tiempo, lo hacen tan despacio que casi no lo notamos. Buscan, aliadas a la exageración, alcanzar el nivel óptimo para nunca aburrirnos. Las anécdotas logran eternizarse y nunca caer en desgracia, gracias a que las vamos exagerando constantemente, a que le vamos agregando detalles que las engorden y las pongan a punto caramelo para divertirnos.

No nos importa que quince años después la historia verdadera nos haya quedado vieja que la que se cuenta actualmente y está bien que asi sea, porque no es importante la verdad, lo importante es la ficción, lo importante es el objetivo que nos tracemos.

Y ya hurgando en la profundidad esencial de este asunto, puedo arriesgar que tampoco es tan importante tener una raiz real en ellas, o si? Podríamos ir al extremo y decir que tener una buena historia para contar es mucho más importante que su veracidad y hasta debe ser más reconfortante.
¿Que placer supremo nos puede causar tener una anécdota inventada que sea atrapante, graciosa y nunca nos aburra? ¿A alguien le importa que no nos haya pasado? ¿Deja de causarnos gracia?
 Hay canciones maravillosas que se escriben sobre historias que comienzan con una mirada y terminan con una escena romántica que jamás ocurrió.

Vendrán luego los cultores de la moral colectiva a decirnos que una persona que miente es indigna o no merece nuestro respeto y tendrán entonces todo mi repudio. Es irrelevante, muchachos, para muchisimos ordenes de la vida la verdad es irrelevante. Me permitirán el deslice, pero sigo prefiriendo la historia a la verdad, por más que intenten convencerme de lo contrario y esforzarse por agredirme llamándome mentiroso. No me interesa que me crean mentiroso siempre y cuando me sigan creyendo un amenizador de reuniones.

viernes, 16 de octubre de 2015

No se si es Baires o Madrid.

Voy manejando, perdido en alguna esquina de Morón, yendo de una obra a la otra. Siempre apurado, siempre a las corridas, asi es mi trabajo. Correr de un barrio a otro para resolver, escuchar, hablar, pedir, informar. La radio que siempre escucho está pasando una tanda comercial y el zapping Am que intento no me da nada interesante. Lanata en un dial, Rial en otro, no me entusiasma nada de lo que están hablando.

Paso a la Fm, en una radio me pasan un tema de Enrique Iglesias... -¿Enrique Iglesias? - pienso y casi que me ofendo con todos aquellos que pueden tolerar escuchar un tema completo. Otra Fm está pasando un aviso político. Una tercera radio pasa un comercial de colchones, una cuarta una canción en inglés que no conozco y en la última radio de las memorias que tiene el auto están hablando dos tipos sobre un Twit de Agustina Kampfer. Volver a intentar el zapping es una tentación, un deber, aunque sé perfectamente que no voy a encontrar algo interesante.

Nadie me corre ni me apura. Yo sólo me corro y me apuro. Me genero los problemas que padezco, me pongo metas que no puedo cumplir. El semáforo recién se puso en rojo, una pareja de viejitos cruzan la calle Mitre a la altura de Abel Costa. Me gusta Morón -me consuelo- o al menos me empieza a gustar más que cuando empecé a trabajar de esto. Tiene una rara mezcla de ciudad céntrica con barrio periférico. Las panaderías abundan, la gente sale de los locales con facturas, hay cientos de comercios diminutos.

Un nuevo semáforo. Cruzan dos o tres obreros con un caño de PVC gigante y ya no bacilo, no pienso en volver a hacer zapping y pongo un disco de Serrat y Sabina. "Dos pájaros de un tiro", en vivo. Voy directamente a la canción que quiero escuchar. Es un enganchadito que arranca con "Aquellas pequeñas cosas" y sigue a modo de rumba con "Ruido" y "El muerto vivo". Empieza la rumba, el flamenco, no se que ritmo musical es pero me gusta. Me pongo a hacer palmas en el auto y subo el volumen. El tipo del auto de al lado me mira absorto. No entiende. Él está escuchando a Gonzalez Oro y no sabe lo que se pierde.

Ella le pidió, que la llevara al fin del mundo. El puso a su nombre todas las olas del mar. Se miraron un segundo, como dos desconocidos. Todas las ciudades eran pocas a sus ojos. Ella quiso barcos y el no supo que pescar.

El semáforo se pone verde otra vez y yo estoy perdido en una callejuela de Tirso de Molina. Y veo al florista y al marroquí que vende películas. Y la gente toma un chocolate con churros en un bar. Y de una taberna hermosa, familiar, diminuta, salen oficinistas que se tomaron unas cañas. En una de las mesas que están en la vereda hay dos tipos comiendo un bocadillo, tomando una Estrella de Galicia.
Sobre la mesa duermen los restos de un plato de berberechos con salsa. Paso por una plaza y dos viejitos de esos que tienen una sola ceja continua están jugando al tute o a la brisca. Sigo calle arriba, como subiendo hacia el Palacio Real. Doy la vuelta en la Gran Vía y de lejos veo la estación Callao y el Corte Inglés. Hay un cien montaditos cerca y se huele la fritanga de las rabas y las papas. Me pasa por la derecha un bus turístico que hace viajes a Segovia. Al llegar al semáforo veo el chiringuito que vende bufandas del Madrid y algunas del Aleti,

Las grandes tiendas me deslumbran, me distraen, tanto que casi choco con un Seat Ibiza que frenó delante mío. -Subnormal!- me grita uno que pasa por la vereda. La gente cruza la avenida con bolsas de Zara. ¿Será día de compras? Hay un aire calmo, como si el stress del mundo hubiera desaparecido. Dos o tres gitanas le adivinan la suerte a unos chinos que le sacan fotos a todo lo que ven.

 Los bares están llenos. Hasta los topes. ¿Nadie está trabajando?¿Será el mediodía? Miro el reloj del auto y hago la cuenta automática; en Madrid ya es casi la hora de almorzar. Aparco el carro y bajo contento a meterme en un bar. No hay mesa y el camarero me ofrece una cañita para esperar con unos pinchos de tortilla de patatas. -Especialidad de la casa- me dice. No hay apuro. Nadie se apura. A nadie le importa un carajo el reloj. Apuro la caña cuando me avisan que ya tengo donde sentarme.

Reviso la carta minuciosamente y encuentro una tapa que tiene una pinta bárbara. - Que ganas de unas gambas- pienso y ordeno. -¿Y para beber? - me preguntan, como si no supieran que quiero otra cañita.

En la tele del bar está puesto un programa del corazón. Están hablando de historias de amores entre un torero y una cantante, no le doy demasiada importancia. Tomo el Marca de la mesa de al lado y me maravillo con el Hat-Trick de Messi. Una nota bastante extensa sobre el triunfo del Madrid, y los extractos de una conferencia de prensa.

Tiro unas monedas antes de irme . -¿Cuando fue la última vez que pagué una comida con monedas?-
Una propina, apuro la caña de un sorbo y otra vez al auto, a seguir recorriendo, a seguir disfrutando.
 -Que ciudad maravillosa- pienso mientras doy la vuelta a la Cibeles y encaro para el Retiro. Hay muchos turistas. Muchisimos. Se agolpan en los museos, en los bares, en los mercados. Todos se sacan fotos con la Cibeles, con la Puerta de Alcalá, con las estatuas vivientes de las plazas. Manejar a esta altura se hace como un acto reflejo, la atención se concentra en la calle. Los edificios antiguos, los frizos, las molduras, las cornizas, las estatuas, la gente.

Los cartelitos del metro me generan algo especial. Amo el metro de Madrid y no se por que. Amo esta ciudad. Que dichoso soy de poder vivir aca, trabajar acá, comer acá. Sentirme parte aunque sepa que soy ajeno. Saber que el Mercado de San Miguel me espera a unas cuadritas de casa cuando regrese del curro. Tener la certeza que hoy a la noche voy por un plato de Pulpo o algo de Bacalao con su buen vaso de sangría.

Al fondo de la avenida que roza el Reina Sofia veo Atocha y pienso en las ganas que tengo de tomarme un tren a Barcelona y caminar por la rambla. Que ganas de comer algo mirando el mediterráneo.Que ganas de visitar otra vez la Plaza Catalunya y ver como el catalán se te pega en la lengua como se nos pega el portugués cuando visitamos Florianópolis y hago palmas dentro del auto y canto a los gritos, por que la música me invade y me llena de sensaciones y Madrid está hermosa. Está entrando el otoño y dicen los saben que es la mejor estación de todas.

Entonces salta el CD y la pista se queda clavada repitiendo "No estaba muer... No estaba muer... No estaba muer..." y vuelvo a girar en García Silva, paso por otra panadería y hay unos pibes en la plaza. Uno tiene la camiseta de Morón y pienso que hoy debe jugar el gallito.- Me tengo que apurar- pienso al darme cuenta que me pasé dos cuadras y me están esperando los cementistas para preguntarme que cantidad de hierro le vamos a poner a la losa.
Vuelvo a la radio, otra vez, para escuchar una entrevista con uno de los candidatos a presidente, y pienso que tendría que viajar más seguido. La música me transporta y no soy el único. La música me permite vivir en Madrid, con lo que me gusta, y trabajar en el conurbano. No sé si es Baires o Madrid. No sé si quiero vivir allá o vivir acá. De algo estoy seguro, puedo viajar donde quiera mientras siga teniendo Cds en la guantera.



martes, 15 de septiembre de 2015

País berreta, política berreta.

Estoy exhausto de las elecciones que aún no vinieron. Supe ser paciente, escuchar argumentos, poner en la balanza de un lado la moralidad y del otro el pragmatismo. Intenté armarme de argumentos para justificar mis elecciones. Intenté redefinir mis propias convicciones. Puse la república por encima de la discusión ideológica berreta. Puse el pragmatismo político económico por delante del pragmatismo formal. Me di nauseas a mi mismo por intentarme convencer de lo que no estaba del todo seguro. Me cansé. Me cansaron. Ahora no solo pienso que son todos iguales. Todos. Si no que también pienso que hay mucho más en común entre ellos que entre alguno de ellos y yo. Algunos son un poco más sensibles a las necesidades populares - un poco quizá sea una exageración- , otros son ligeramente más institucionalistas - aunque todos levantan la bandera del liderazgo salvador, el patriarcado todopoderoso- , otros son algo más republicanos  -y revindican con exquisita pulcritud los alcances del estado-, otros son sencillamente más carismáticos. Estadistas, ninguno.

Me volví demasiado escéptico. Al extremo. Me cansaron los males menores, la continuidad por la continuidad misma y el cambio por el cambio mismo. "Sabemos que nos queda mucho por hacer"me dicen enfrascados en un traje de 4000 dólares mientras se reclinan en un estudio de televisión, como si el tiempo transcurrido no hubiese sido más que suficiente. "Ellos son peores" me escupen desde un atril, hiriendo mi honestidad intelectual y mi independencia de elección. "Vamos a hacer lo mismo pero bien" proponen sin proponer y se escudan con banderas falsas que no defienden ni critican.  "Patria o Buitres" me gritan, como si la línea moral del universo pasara por una definición judicial, como si ellos fueran la patria y los que no estamos con ellos fuéramos la escoria que despluma las perspectivas de país que todos tenemos.

Ellos me causan repugnancia. Ellos. La gente que los sigue no. La gente que los sigue me da pena. Una extraña sensación de pena por el conformismo o pena por la falsa rebeldía. Me causa pena la capacidad de repetir mentiras y la capacidad de criticar sin argumentos. Me causa pena que un millar de sufridos sostengan, caminen, militen, mantengan un sistema manejado por tipos que se enriquecen con la política. Me da mucha pena la falta de vuelo, la confianza en el patriarcado inviolable, nocivo, inimputable e inalterable. Me da pena la figura de seguidor, me parece absurdamente inocente.¿En que se convirtieron los partidos dominantes? En cajas registradoras. Máquinas de recaudar, innovadoras formas de lucrar con el estado.En grandísimos outlets manejado por cajeros esclavizados.

Y en algún otro rincón , en alguna fotocopiadora de un centro de estudiantes, en algún local usurpado de la ciudad; repletos de manifiestos, papers inconclusos y discusiones sobre cuestiones de forma están aquellos con los que debería empatizar, pero que en cada vocablo retroceden la historia 30 años y vuelven a proponer sistemas y teorías ridículas. Aquellos de aparente vuelo intelectual, que se carajean entre si por definir el grado de curvatura de una esfera. Los que por la delgada línea que separa una idea de otra son capaces de romper todo lo construido. ¿En que se convirtió la izquierda argentina? En la fotocopiadora de un centro de estudiantes que imprime hasta el hartazgo panfletos que proponen soluciones sin sustancia, armas sin balas, sopas sin sabor. En madejas de intelectualoides pesimistas que no se ponen de acuerdo en una definición de forma que justifique el fondo común.

La militancia tiene esa arista que no entiendo. Yo primero soy lo que pienso, lo que defiendo, y luego está - o estaría- aquel proyecto político que más se acerque a mi. No debería ser al reves. Me molestaría que así fuera. Soy lo bastante independiente y maduro como para creer, pensar y sentir por mi mismo. No comprendo esa idea de defender todo, lo que sea, solo porque lo dice La Jefa, El Jefe, tal o cual periodista. Creo que esa lógica conspira contra la idea de la participación política. Más aún si hablamos de partidos fuertes y dominantes donde la discusión de bases es un chiste de mal gusto.

No entiendo como se logra justificar todo. No existe - no le den más vueltas- excusas para sostener un desnutrido en un país como el nuestro. No se puede -no hieran mi capacidad de googlear- justificativo para mantener las cifras truchas de pobreza, inflación. No está bien -nada lo justifica- que la afamada "ley de leyes" se arme con premisas falsas. No me quieran explicar nada, no existe. No está bien y punto y ya no es algo simplemente de forma, es algo de fondo. Es una matriz de poder. El abuso de los recursos del estado no puede justificarse por oposición a un supuesto poder real o a un cuco invisible que viene a destrozar nuestros valores democráticos.

Tampoco entiendo aquellos que mastican la mierda y me describen lo sabrosa que está. No toda obra es buena, no toda obra está bien hecha, no todo lo que se gasta está bien gastado, y por otro lado, no es la guita de ellos la que ponen en riesgo como si jugaran un pleno, es la nuestra. Una aspirina calma un dolor de cabeza, pero no te cura una apendicitis, el Metrobus soluciona el tránsito de una arteria, no puede ser una solución común a toda la ciudad. Es un ejemplo bastante pelotudo, lo se y me anticipo a sus criticas, y otro día voy a escribir sobre urbanismo y desarrollo y como el gobierno de la ciudad hizo todo lo posible para convertir nuestra ciudad en un parque de diversiones espantoso. Otro día será. El punto es lo dañino que es para nuestro intelecto la obra por la obra en si, el orgullo de hacer sin saber que, el mecanismo de propaganda con el que nos bombardean para contarnos terceras inauguraciones de obras que aún no están terminadas o para decirnos los minutos que vamos a ahorrarnos de viaje sin explicar siquiera que una matriz de impacto urbano maneja algunas - digamos que unas 200- variables más que el tiempo de viaje entre un punto y el otro.

Estoy cansado. Escribir esto me cansa. Soy repetitivo. Prometo que el próximo posteo va a ser más divertido, más interesante y menos tedioso, lo importante es haber vuelto.